RESEÑA, QUE ALGO QUEDA
Escuchando uno de los últimos programas de la temporada de No es un día cualquiera, dirigido cada fin de semana por Pepa Fernández en RNE, caí en la cuenta de que hace un par de meses leí De la cátedra al Barranco del Lobo, que tiene como autores a los doctores Diego Conde y Fernando Ponte. El programa, un oasis libre de política, tiene la subsección Reseña, que algo queda, que fue lo que me hizo recordar el magnífico libro dedicado al veterinario Juan Téllez y López (1878-1915).
Sin duda Téllez y López es un digno merecedor de una biografía. Por más de un motivo. El primero, por las 23 cartas que intercambió con Miguel de Unamuno, uno de los intelectuales españoles más destacados de su época y gran representante de la Generación del 98, cuyos originales manuscritos se conservan en el archivo de la Casa-Museo de Miguel de Unamuno en Salamanca y que han sido analizados por los autores. Sabíamos de la existencia de estas cartas y del contenido de algunas de ellas por las comunicaciones presentadas en los últimos años por Diego Conde en Congresos de Historia de la Veterinaria.
El segundo motivo, por la personalidad del biografiado, que entronca con su modo de entender la profesión. No me resisto a repetir la frase incluida en una de las cartas intercambiadas con Unamuno (escrita en 1905): “Pero, ¿es posible resistir, un año y otro año, la inmensa, la enorme, la inconmensurable vulgaridad de los catedráticos? ¿Es posible vivir con ellos continuamente teniendo que soportar consejos de su experiencia, sus vanidades, sus rencillas y demás zarandajas? Sin duda en el ejército hay poca cultura y mucha vulgaridad, pero es una vulgaridad alegre, amable sin pretensiones, que no indigna como la otra. Yo al menos la soporto infinitamente mejor”. El autor de esas líneas, Juan Téllez y López, es catedrático por oposición desde 1901, ¡con 23 años!, en la Escuela de Veterinaria de Santiago de Compostela y después en la de Córdoba (en ésta no llega a ejercer), siendo hijo del histórico veterinario y destacado catedrático en León y en Madrid Juan Téllez Vicén. En 1904 ingresa en el Ejército como veterinario 3º, la base del escalafón. Por qué sacrifica el prestigio social y la recompensa económica que le otorga la cátedra para incorporarse al Ejército, en un momento tan complicado que le lleva a participar en la escalofriante campaña de Melilla, tiene detrás su intransferible forma de entender la profesión veterinaria.
El tercer motivo, tan importante como los anteriores, es la interrelación personal y profesional con figuras veterinarias tan destacadas como Juan Rof Codina o Félix Gordón Ordás; su obra científica, especialmente práctica transmitida a través de “Manuales” de amplia difusión entre estudiantes; y su muy voluminosa obra literaria, expresada a través de relatos, cuentos y su intervención en innumerables cabeceras de prensa repartidas por todo el territorio español, convirtiéndose así en un prolífico divulgador veterinario.
Para quienes consideramos que las hoy tan en boga biografías de jóvenes veinteañeros son una celebración excesivamente anticipada, nos alegramos con ejemplos tan merecidos como el de Juan Téllez y López.
Concluida esta humilde reseña, no puedo dejar de dedicar unas líneas al discurso de recepción como académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Galicia del doctor Diego Conde Gómez, primer firmante del libro reseñado. Su discurso tiene por título “Hygia Pecoris, Salus Populi: El homo sapiens, un paciente más en la veterinaria del siglo XXI”, en el que aporta un enfoque valiente y, a mi juicio, acertado del concepto Una Salud o One Health, que trata de alejarse del acomodaticio discurso oficial.
Si algunas fases de los partidos de futbol que han concluido con la consecución de la segunda estrella en la camiseta de la selección española, son de obligado visionado para aquellos jóvenes que quieran entender el significado de juego colectivo, el texto del discurso de Diego Conde debería ser de obligada lectura para quienes se encargan de liderar las instituciones colectivas de ámbito veterinario.
Dr. Ángel Salvador Velasco








DE MUY ACERTADOPODMOS CONSIDRAR RETOMAR LAS ENSEÑANZAS QUE SE ENCIERRAN EN ESTE LIBRO QUE PROPUSE QUE SE DIESE A CONOCR ENTRE LOS CABALLEROS Y DAMAS ALFÉRECES CADETES, ,FUTUROS OFICIALES VETERINARIOS QUE CURSAN SUS ESTUDIOS DE ENSEÑANZA DE FORMACIÓN EN LA ESCUELA MILITAR DE SANIDAD, TRASSUPERAR UNASDURAS OPOSICIONES
LO PROPUSE, RECISAMENTE PARA ESTÍMULO Y ORGULLO DE LOS FUTUROS OFICIALES VETERINARIOS QUE EN BREVE PASARÁN A FORMAR PARTE DEL ESCALAFÓN DEL PRESTIGIOSO Y ARISTOCRÁTICO CUERPO DE VETERINARIA MILITAR CUANDO NOS VAMOS APROXIMANDO A CONMEMORAR EL BICENTENARIO DEL CUERPO VETERINARIO ES MUY CONVENIENTE SENTIRNOS ORGULLOSOS DE ESTE CUERPO QUE PODRÍA SER CATALOGADO COMO” BENEMÉRITO” CUERPO PRECISAMENTE POR SUS VARIADAS MISIONES EN PROY AYUDA DE LA SOCIEDAD A LA QUE SIRVE.
TODOS SUS COMPONENTES, HOMBRES Y MUJERES PRESTIGIAN CON SUS ACCIONES EL EJERCICIO DE LA MEDICINA VETRINARIA.
CELEBRO ESTE RECORATORIO Y OS MANDO SALUDOS CORDIALES
DR.
CAPARRÓS
GENERAL VETERINARIO retirado
Muchas gracias al amigo Dr. Salvador, siempre elegante y ponderado.
Un fuerte abrazo a él y a todos
Fernando
Muchas gracias Amigo Ángel por tu reseña! Como bien sabes, ponerse delante de un folio (ahora pantalla) en blanco e intentar escribir algo es un acto de soledad que cobra sentido cuando alguien, al otro lado, lo hace suyo y lo devuelve enriquecido con su mirada. De verdad, muchas gracias por tus comentarios.
Unha forte aperta dende a Gallaecia
Diego
ES MUY FÁCIL ELEGIR LAS PLABRAS CUANDO LOS AUTORES DEMUESTRANSU ACALIDAD HUMANA Y SU VALÍA INVESTIGANDO EL DR, SALVADOR, COMO SIEMPRE MUY OPORTUNOY FINO Y EL JOVEN DR CONDE SIEMPRE EN LA CRESTA DE LA OLA SURFEANDO Y TOMANDO VELOCIDAD. INSISTO ES UN LIBRO EXCELENTE Y LLAMATIVO
SALUDOS CORDIALES
DR.
CAPARRÓS
GENERAL VETERINARIO